Siendo puristas, se define como cimentación profunda aquella que transfiere las cargas de la estructura que soporta a una profundidad determinada en el terreno, es decir, más o menos alejada de la superficie.
Tradicionalmente las cimentaciones profundas las conocemos como pilotes, ya sean de hinca o perforados, pero en la actualidad se extiende esa definición a otras técnicas como el micropilotaje o los módulos pantalla de cimentación (“barretas”). En general, cuando la ejecución de una cimentación superficial no sea viable se debe contemplar la posibilidad de la ejecución de cimentaciones profundas.

Si estudiamos el mercado mundial, en cuanto a cimentaciones se refiere, la mayoría de las cimentaciones se resuelven mediante estas técnicas: el 54% son cimentaciones profundas, un 36% cimentaciones superficiales y un 10% mejoras del terreno. Por lo tanto en 2 de cada 3 cimentaciones que se ejecutan son utilizadas las técnicas de cimentación especial.
En líneas generales, la cimentación profunda está indicada cuando:
- No existe firme a una profundidad alcanzable con zapatas, losas o pozos, es decir profundidades mayores de 5,0m.
- Se quieren reducir o limitar los asientos de la estructura.
- La permeabilidad, presencia de agua y otros factores, impiden la ejecución de cimentaciones superficiales.
- Cargas muy elevadas y concentradas
- Se quiere evitar la afección a edificios próximos.

